Es posible que muchos de los lectores no sepan a qué nos referimos con los términos de los que hoy hablamos en nuestro blog. Sin embargo, es casi seguro que la mayoría los ha padecido en alguna ocasión.

Cuando hablamos de queratosis, o hiperqueratosis, en los pies, estamos haciendo referencia al engrosamiento de una zona de la capa externa de los pies, y comúnmente se conoce como “durezas” o “callos”. Supone una acumulación de células epiteliales muertas, debido a presión o roces continuos. Es un mecanismo de defensa provocado por problemas biomecánicos (mala pisada, pies cavos, dedos martillo, etc.), el uso de calzado incorrecto, o excesiva sequedad.

El heloma es el término médico de un “ojo de gallo”. Es un callo con un núcleo profundo, de color grisáceo o amarillento, que se produce por presión o fricción continua. Si se localiza entre los dedos, toma el nombre de heloma interdigital, y si se localiza en la planta del pie, recibe el nombre de heloma plantar. El dolor que produce, puede llegar a ser limitante, por lo que se hace necesario acudir al podólogo para que lo deslamine y cure.

Los deportes de impacto o las largas caminatas, pueden ser la causa de un heloma, sobre todo, si no se usa el calzado adecuado. Las cabezas metatarsales, la zona del talón o la base del primer dedo del pie, son las zonas sometidas a mayor presión cuando andamos, por lo que son las más propicias para que se produzcan los helomas.

Los helomas molle son los que se producen entre los dedos, suelen tener un aspecto blanquecino y ser más blandos al tacto. Esto se debe a la humedad propia de la zona. A pesar de su aspecto menos agresivo, lo cierto es que si no se trata adecuadamente, puede provocar otro tipo de complicaciones.

El heloma dorsal, aparece en la parte superior del pie, y suele deberse a roces continuos con el calzado. Un calzado que aprieta o no se ajusta a nuestro pie, si se usa habitualmente, pude producir estas callosidades dolorosas, además de provocar deformidades óseas subyacentes.

La población en la que se da con mayor frecuencia este tipo de lesiones, son personas con diabetes, problemas circulatorios, deportistas y adultos mayores; ellos son el grupo de riesgo y deben prestar especial atención para evitarlas.

Si la lesión en el pie no se siente como dureza y toma una forma rara, podríamos estar hablando de otro tipo de lesión, como el papiloma, del que hablaremos en otra ocasión, pero que habría que ponerlo en conocimiento del podólogo a la mayor brevedad posible, dado que es contagioso.

La prevención de la queratosis y los helomas en los pies, pasa por tener un buen cuidado de los mismos, usando calzado adecuado, calcetines transpirables, y una higiene adecuada. El uso de plantillas también puede ayudar a personas con tendencia a queratosis plantar, pues ayudan a repartir bien el peso del cuerpo al caminar o al correr.

Por último, si el dolor incapacita, o se dan cambios en el color y tamaño de los helomas, es fundamental acudir al podólogo, para comprobar si existe infección y tratarla de la forma más efectiva.

El bienestar y la salud comienzan en los pies, por eso es tan importante no olvidarnos de ellos.

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